Empezó a
sentirse medio dormida y siguió diciéndose como en sueños: «¿Comen murciélagos
los gatos? ¿Comen murciélagos los gatos?» Y a veces: «¿Comen gatos los
murciélagos?» Porque, como no sabía contestar a ninguna de las dos preguntas,
no importaba mucho cual de las dos se formulara.
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