Y así son todos los días, idénticos, dejando pasar las horas como si fuesen los anuncios que nos obligan a ver mientras esperamos que nuestro programa preferido empiece.
Vuelvo a casa tarde mintiéndome y prometiendo que mañana voy a empezar a ponerme en serio, que me hago viejo. ¿A quien voy a engañar? Seguiré sentado esperando un golpe de suerte. Tarde o temprano me tiene que tocar a mí.
Tarde o temprano uno se da cuenta de que nada va cambiar. Las mismas cosas, las mismas calles, la misma gente, el mismo trafico, el mismo ritmo, los mismos yonkis; la misma basura. Los días que empiezan a la hora que terminan mis clases en la facultad. La misma cantinela. Y con la sensación intermitente de estar fuera de lugar. No puedo avanzar en un sitio que no avanza, un sitio donde la monotonía te aplasta y te duerme, donde nunca pasa nada nuevo, ninguna sorpresa.
Busca fuerzas para correr, o busca una moto o un patinete, busca una salida, busca un pensamiento bonito y concéntrate en él, busca una razón…
Todo lo que me ha ocurrido es demasiado evidente para llamarlo casualidad
y lo suficientemente real para llamarlo destino.
La suerte siempre estará ahí, lo queramos o no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario